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Importancia de la retórica

A lo largo de la historia, las distintas culturas han otorgado un enorme poder al lenguaje para influir en los demás.

La destreza en el uso de las palabras le ha asignado una destacada posición social a las personas que, en la antigüedad, sobresalían por la habilidad de persuadir.

La retórica es una técnica ligada a la oralidad y al discurso verbal, no así al literario.

La retórica es una técnica verbal ligada a los discursos, donde cobra importancia la gestualidad.

En sus orígenes, la retórica estaba vinculada a disciplinas del dominio de las letras, como la poética y la gramática, lo que es comprobable en las artes poéticas medievales.

Su origen data de los tiempos de la Grecia Clásica, donde se la entendía como la técnica o arte de la persuasión. Técnica que denotada un dominio estético del lenguaje con una finalidad comunicacional.

La importancia de la retórica en el sistema educativo antiguo y medieval es indudable, ya que fue una disciplina humanística crucial hasta la llegada del romanticismo.

La función de la retórica es totalmente pragmática, puesto que es y fue empleada como instrumento de interacción personal. La disciplina trata de adaptar las ideas a la gente, para realizar el propósito de influir en su opinión.

Los antiguos autores distinguían el estudio teórico del desarrollo práctico del arte de convencer al público.

Del análisis teórico de la persuasión se ocupa la retórica, mientras que la oratoria entiende en la capacidad práctica de ser elocuente en un discurso frente a un público.

Los filósofos y pensadores antiguos, como Aristóteles, realizaron una clasificación tripartita de los géneros oratorios, diferenciando básicamente tres tipos discursos:

  • Los discursos políticos o deliberativos, que se relacionan con la toma de decisiones sobre acciones futuras en procesos deliberativos como las asambleas. Se acepta lo que el orador propone como útil y beneficioso y se rechaza lo que el orador presenta como perjudicial.
  • Los discursos judiciales o forenses, que se ocupan de acciones pasadas cuyo fin es la acusación o la defensa de alguien frente a un tribunal. El juez o tribunal establece conclusiones para dictar sentencias en base a lo que el orador presenta como justo, rechazando lo que es presentado como injusto.
  • Los discursos epidícticos, en los que el orador simplemente exhibe su habilidad retórica en la exaltación o en la crítica de alguna persona, exhibiendo su arte y elegancia para vituperar o alabar.

Según los expertos, para elaborar un discurso convincente es necesario tener en claro lo que se quiere transmitir, el orden en que es conveniente y más adecuado expresarlo.

Para ello hay que recurrir a planteos que resulten familiares al público, para que tengan su aprobación. Son los llamados lugares comunes o tópicos.

Se comienza con una introducción del tema sobre el que se hará la disertación, se argumentará desarrollando el discurso y ofreciendo pruebas convincentes, y se finalizará con una conclusión.

El discurso estará dotado de un estilo para que las palabras suenen de un modo eficaz, expresándolo con nitidez, con corrección, sin errores ortográficos, acompañando con los gestos e inflexiones de la voz que resulten más persuasivos para el público.

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