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Importancia de perdonar

Perdonar, ser perdonado, que me perdonen, perdonarme a mi mismo, en todas sus formas el perdón es importante.

Perdonar significa disculpar a alguien que nos ha ofendido, y otras veces, disculparnos a nosotros mismos. Perdonar es dejar pasar la ofensa, sin insistir en el daño que nos han hecho o la pérdida que pudimos sufrir.

Perdonar y ser perdonado nos libera de una carga muy pesada.

Cuando perdonamos no estamos aceptando aquello que nos hirió, ni diciendo que no nos hicieron daño. No estamos restándole importancia, ni haciendo como si nada hubiera pasado.

Cuando perdonamos, simplemente lo pasamos por alto. Enterramos lo que nos ofendió. Elegimos tomar la decisión de cancelar la deuda.

No se trata de que no nos duela, ni de que hayamos olvidado, sino de tomar la determinación de dejar atrás el resentimiento. Al perdonar, nos beneficiamos primero nosotros mismos.

Si estamos resentidos, enojados, amargados por aquello que ocurrió, esos sentimientos negativos tal vez no nos dejen disfrutar del presente, nos condicionen en nuestra vida, impidan nuestra felicidad y nos hagan desdichados.

La falta de perdón puede inclusive afectar nuestra salud. Según investigaciones cardiológicas, existe una relación peligrosa entre la hostilidad y la ira, y la cardiopatía coronaria. Quien guarda rencor tiene mayores riesgos de sufrir problemas emocionales y físicos como la depresión o la hipertensión.

Si bien las heridas del pasado tardan mucho en sanar, guardar resentimiento y abrigar deseos de venganza no tiene ningún beneficio, todo lo contrario, nos quita la calma y la paz interior.

Aunque sea muy difícil tomar la decisión, es necesario entender la importancia de perdonar. Comprender su implicancia es abandonar el tema sin que signifique minimizar la falta ni olvidar lo que pasó.

Porque la falta de perdón es destructiva, y además pesa toneladas.

¿Por qué es importante perdonar? Porque cuando perdonamos dejamos libre al que tenía una deuda con nosotros, y al liberarlo, nos liberamos a nosotros mismos. Perdonamos no solamente porque se libera a la otra persona sino porque nos libera a nosotros.

Un grandioso ejemplo de perdón está en la cruz. Mientras Jesús agonizaba sangrando en la cruz del calvario, oró a su Padre y le dijo: “Perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Lucas 6.23

Qué difícil pensar que quien estaba sufriendo tanto, martirizado por azotes y burlas, desgarrándose en la cruz, pudiera pedir al Padre que perdonara a quienes le herían de muerte.

Sólo por amor Dios nos perdonó a través de la muerte de su hijo Jesucristo, aunque ninguno de nosotros lo merecía. Por amor Dios fue movido a actuar a favor nuestro, dándole vida a un cadáver. Por amor nos regaló la salvación a través de esa vida que venció a la muerte.

Y también dijo Jesús según Lucas 6.27: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a quienes os aborrecen, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os maltratan”.

Si Dios pudo perdonar, si Cristo pudo entregar su cuerpo a la muerte para perdón de nuestros pecados, nada menos que con muerte de cruz como se estilaba en aquella época. ¿Qué no podremos nosotros perdonar?

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