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Importancia del genocidio armenio

Por encima de nuestras vicisitudes religiosas o políticas, el movimiento armenio es reconocido en el mundo por haber padecido el primer genocidio de la historia.

La tragedia que padeció el pueblo armenio a principios del siglo XX, significó la masacre de más de un millón quinientos mil armenios, bajo responsabilidad del gobierno turco.

Se trató del exterminio sistemático y organizado de un pueblo que mantuvo su identidad cultural, su lengua propia y su religión cristiana bajo el dominio de los musulmanes del imperio otomano.

Mientras los turcos otomanos practicaban la religión musulmana, los armenios eran cristianos.

Ubicada entre Europa y Asia en una frontera imaginaria, Armenia es un país sin salida al mar que pertenece a Asia menor, un pueblo originario de Oriente.

Geográficamente situada entre el Mar Negro y el Mar Caspio, Armenia es una antigua república soviética que comparte la frontera oeste con Turquía y la del sur con Irán.

Su localización en el Cáucaso (región natural situada en el límite entre Europa Oriental y Asia Occidental, entre los mares Negro y Caspio) la sitúa a medio camino entre los dos ámbitos geográficos.

Culturalmente, política e históricamente se ha considerado a Armenia como parte de Europa, aunque es una clasificación arbitraria ya que no hay una diferencia geográfica definible entre ambos continentes.

Con raíces en una de las civilizaciones más antiguas del mundo, y dotada de un riquísimo patrimonio cultural, Armenia fue la primera nación en adoptar como religión oficial al cristianismo.

La fe cristiana ha desempeñado un rol primordial en la historia e identidad del pueblo armenio, a pesar de ser sometidos durante siglos al dominio persa y bizantino.

Con sujeción al imperio otomano y bajo la protección del Sultán por ser considerado un pueblo leal, los armenios convivían con los turcos sin ser musulmanes.

Su condición legal les exigía más obligaciones (como el pago de pesados impuestos) y le otorgaba menos derechos que a la población turca en general.

Entre otras circunstancias, no tenían derechos políticos, por lo que comenzó a gestarse un sentido nacionalista, y a desarrollarse un deseo de autonomía y la necesidad de tener un Estado propio.

La idea central era la independencia, y el logro de la libertad rompiendo con el sometimiento al imperio turco como lo habían logrado Grecia, Rumania, Serbia, Bulgaria y Moldavia.

Para no permitir mayor desmembramiento del imperio otomano, y considerando al movimiento nacionalista como una amenaza, sus líderes ordenaron la masacre de cientos de miles de armenios.

El exterminio no tuvo en cuenta razones humanitarias ni de conciencia, sino el beneficio político de Turquía. Se desató una persecución y masacre de los intelectuales más prominentes y representativos de la colectividad.

Sometieron a poblados enteros y los trasladaron forzadamente por desiertos y mesetas, sin agua ni alimentación. Mujeres, ancianos, niños y personas desvalidas fueron cayendo en esas jornadas monstruosas, además de las violentas represiones que se desataban luego de provocar las reacciones populares.

Más de treinta campos de concentración en las fronteras con Siria e Irak concretaron las matanzas de un millón y medio de armenios, cuyos asesinatos aún hoy no son reconocidos por Turquía.

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