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Importancia del afecto

La importancia del afecto es tan alta a lo largo del ciclo vital del ser humano, que su ausencia influye en el desarrollo cognitivo y emocional.

La capacidad de recibir y dar afecto es en gran medida un hecho biológico, mediado por diversos neurotransmisores como la oxitocina; pero también es un fenómeno psicológico importante para nuestras vidas.

Los animales desempeñan un rol importante en la vida familiar.

Durante las primeras semanas de vida a partir de la concepción, el afecto comienza a tomar forma a través de las gratificaciones que el bebé empieza a percibir en el vientre materno como sensaciones placenteras, por medio de la placenta.

Desde el momento del nacimiento, la importancia del afecto es aún mayor para configurar la construcción del psiquismo que se reflejará en la futura autoestima.

Un recién nacido ignorado por la madre o su cuidador, sufrirá un maltrato que es tan destructivo como la falta de alimento. En la vida adulta, muchos arrastran un gran vacío que suele tener su origen en la falta de amor en la infancia.

Somos tan vulnerables e indefensos al nacer, que necesitamos de otros para poder ser. Numerosas investigaciones demuestran que un recién nacido que no recibe contacto físico puede llegar a morir.

La experiencia primera con la madre o quien cumple la función materna, nos enseña a relacionarnos con el mundo externo.

Desde el momento del parto el recién nacido no distingue entre sí mismo y la madre, concibiendo este vínculo como una continuidad de su propio ser.

Recién unos meses después el bebé podrá distinguir que la madre es un otro diferente de su cuerpo, un otro que lo gratifica cuando lo amamanta, y lo frustra cuando se ausenta aunque sólo sea unos minutos.

El niño debe experimentar una relación cálida e íntima continua con la madre (o su sustituta permanente), en caso contrario acarreará consecuencias irreversibles para su salud mental.

La carencia de amor parental genera una desorganización de la estructura psíquica con consecuencias significativas en muchas áreas de la personalidad.

Un estado de avidez en lo afectivo y un miedo patológico a ser abandonado son consecuencias de la falta de amor y afecto maternal. Esto se traduce en la práctica, en un estado crónico de búsqueda afectiva que pueda compensar el vacío que arrastramos.

Se trata de una especie de muerte psíquica aunque estemos rodeados de personas y de éxito laboral o social, tratando en vano de llenar ese vacío por los más diversos caminos, vacío que no es existencial sino afectivo.

Los sentimientos profundos de soledad y de vacío nos hacen naufragar en lo personal, produciendo una incapacidad para amar y ser amados.

La autoestima y seguridad en nosotros mismos proviene del amor primero, y es a través de él desde donde podemos construir y construirnos.

No solamente en la niñez sino también en la adolescencia, en la adultez y en la ancianidad el afecto recibido en el camino será importante a la hora de lograr la integración de nuestra identidad.

La ausencia de afecto está vinculada a psicopatologías como la depresión, los trastornos de la personalidad, la sociopatía, entre otras, y es un factor predisponente de enfermedades físicas como el cáncer y las cardiopatías.

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